viernes, 18 de diciembre de 2020

INGENIERíA COMERCIAL Y LA DEFENSA CONTRA LAS ARTES OSCURAS. -

 

Soy ingeniero comercial. Mi carrera tiene mala fama desde un tiempo a la fecha entre las redes sociales y los medios de comunicación. Le asocian una cierta falta de empatía y una ceguera contra la realidad social. Nada más lejos de la realidad, la carrera tiene contenidos valiosos a nivel filosófico y entrega categorías de análisis a los fenómenos económicos y sociales que debieran contribuir a su superación. El problema es que la carrera trata del manejo del dinero y el poder para ganar dinero y poder, y por lo mismo, atrae principalmente a psicópatas. Si uno está dispuesto a comportarse como un psicópata y tiene el cartón de ingeniero comercial eso lo deja en la mejor posición para ganar mucho dinero. En otras palabras, si, todos los ingenieros comerciales que has visto hablar en televisión, especialmente los que se metieron en política, son psicópatas, es obvio por la falta de humanidad básica que hay en las cosas que dicen y en la forma en que las dicen, PERO NO ES CULPA DE LA CARRERA. Que toda la gente mala quiera ser ingeniero comercial no significa que todos los ingenieros comerciales sean gente mala, incluso a pesar de que todos los ingenieros comerciales en la tele son claramente gente mala. El prejuicio contra los ingenieros comerciales debe terminar, al menos hasta después de que han abierto la boca y demostrado que les faltaron meses de amamantamiento u otros problemas de crianza equivalentes.

Por ejemplo, hay prejuicios graves contra la necromancia, pero en la historia de Drácula, Van Helsing el necromante era el único que sabía por su profesión como combatir al vampiro, y en la biblia Jesús mismo recurre en distintas ocasiones a la necromancia (La resurrección de Lázaro por ejemplo, o la parte en la que expulsa los demonios de unos endemoniados a unos cerdos que después de esto se tiran por un barranco, o cuando le echa una maldición a un árbol...) y nadie va por ahí dudando de la calidad moral de Jesús pese a ello.

A lo que voy es a que, aunque sea cierto que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente, también es cierto que el saber no corrompe y que la maldad nace de la ignorancia. Y hay ideas que provienen de la ingeniería comercial con las que todo chileno necesita irse familiarizando desde ya si queremos tener alguna posibilidad de arreglar el desastre que tenemos de país.

Así que voy a usar esta columna para explicarles algunos conceptos de mi carrera y sus alcances políticos y sociales.

LA LEY DEL PODER. -

El principio de Pareto, llamado con distintos niveles de pretensión la ley del 80/20, de los “pocos pero vitales”, el principio de optimización o muy significativamente, la ley del poder. Lo que es de verdad es una simplificación estadística de una observación empírica de Vilfredo Pareto, que dice que "que en cualquier población que contribuye a un efecto común, es una proporción pequeña la que contribuye a la mayor parte del efecto" o que "el 20% de los causantes origina el 80% de los resultados". El 20% de los clientes hace el 80% de las compras. El 20% de la población tiene el 80% de los recursos económicos. El 20% de los escritores vende el... ¿se entiende la idea?

Y esa es la ley del poder, una estupidez, una simplificación, una lesera. Una simplificación estadística de una observación empírica que es objetivamente útil como filtro al analizar algunos fenómenos varios pero que no debiera tener valor normativo nunca sobre ninguna cosa. Hay dos problemas con esto:

1-Si crees que en tu mercado existe una ley de poder de este tipo, vas a tender a basar tu estrategia de venta en ella. Vas a buscar subir los precios y vender productos caros a los ricos. El perfeccionamiento de tu producto nunca va a incluir hacerlo barato. Tu marketing, reconocer y capturar los pocos clientes con más recursos, pasa a ser más importante que tu producto, tus trabajadores y tu comunidad. La ley de poder es útil en muchos casos, pero poner fe ciega en ella lleva a tomar decisiones en forma disociada y psicótica porque lo que hace es enfocarte en tratar de pegarle el palo al gato con la próxima jugada que se te ocurra y no en perfeccionar la cosa que estas llevando al mercado de forma holística, por poner un ejemplo. Y esa mentalidad es mucho más toxica cuando se aplica a la política que en asuntos comerciales como explicaré más adelante.

2-La ley del poder es dogma religioso. Los ingenieros, los ejecutivos de ventas, los ejecutivos de RRHH, los publicistas, y los administrativos de prácticamente todo son entrenados para tratar de aplicar la ley del poder. Todos los que sacan una carrera con "ciencias empresariales" son entrenados para aplicar esta idea. La gente que estudia "ciencias políticas", menos. La gente que estudia "ciencias sociales", menos que menos. Todos tienen que aprender estadística, por supuesto, pero los énfasis son muy distintos. Y la versión de la ley del poder que enseñan en RRHH por ejemplo prácticamente no contiene estadística.

Voy a darles una perspectiva de cómo funciona el sistema político chileno usando la ley de San Vilfredo como ejemplo. Los resultados del plebiscito de octubre son un ejemplo de la ley en la práctica.

CHILE SEGUN PARETO. -

Imagínense como se daría el problema 1 de más arriba en términos políticos.

La derecha tiene como objetivo defender los derechos del 20% de la población que tiene el 80% de los recursos económicos. Específicamente, para defender esos derechos contra el estado, que es la única entidad en condiciones de amenazarlos. Su objetivo es reducir el estado a policía, tribunales y defensa de amenazas exteriores, entendiendo que todas las demás funciones del estado pueden ser provistas por privados y reduciendo al estado a ser solo el monopolio de la fuerza legitima.

Esta agenda es insostenible dentro de una democracia porque a lo máximo el 20% de la población puede verse beneficiada por esas políticas y es difícil ganar elecciones con propuestas cuyo apoyo popular tiene un piso tan bajo, excepto en una sociedad extremadamente dividida. La derecha usa múltiples estrategias para resolver este problema. La más básica es parasitar ideas populares preexistentes dentro de la población. Luego, si el país es católico la derecha será muy católica, si el país es patriotero la derecha será patriotera, si el país es racista la derecha será racista, con la idea de usar las creencias populares preexistentes que se comprometieron a defender como fichas negociables con las otras fuerzas políticas para lograr su objetivo primordial de reducir el estado. Después de eso está usar su poder económico y el control de los medios de comunicación para dividir a la población en facciones útiles. Y finalmente tendríamos practicas sucias como la supresión de votantes de los padrones electorales, los redistritajes, la intimidación y básicamente cualquier cosa que se les ocurra que pueda servir para obtener más poder con los mismos votos.

La izquierda en cambio busca defender al 80% de la población con el 20% de los recursos económicos. En una democracia, si esos fueran todos los factores, diríamos que la izquierda tiene la ventaja. En la práctica este 80% de la población es extremadamente heterogéneo y las políticas que busquen beneficiarlo rara vez van a poder beneficiar a todo el 80% por igual excepto quizás el subirle los impuestos y el controlar los abusos del 20% "acomodado". Se supone que la izquierda busca expandir las funciones del estado para garantizar una serie de beneficios adicionales además de los mínimos posibles, pero no tienen una agenda más concreta que eso que pueda cohesionar apoyo masivo. Encima, su presupuesto es una fracción (x) del 20% de los recursos económicos del país frente a una oposición cuyo presupuesto es una fracción (y) del 80% de los recursos restantes, lo que en términos prácticos significa que la izquierda siempre está en inferioridad de condiciones en ese frente.

Estas características llevan aparejadas una serie de amaneramientos por parte de la izquierda. Se dan candidatos sin ninguna agenda concreta pero que dan una exagerada importancia a la forma, al lenguaje, a lo simbólico y a la cortesía, porque parten de la base de que el éxito de todo lo que hagan depende de que un grupo muy amplio lo encuentre aceptable y que todo lo que hagan mal va a tener mucha más difusión que lo que hagan bien porque los medios son controlados por el oponente. Luego, nunca pueden quedar mal con nadie. Esto limita su atractivo frente a los votantes, que saben de su vida personal que la gente que dice las cosas como si se las estuviera diciendo a unos niños, con palabras inocuas y tratando de quedar bien con todos nunca merece confianza.

El plebiscito del 2020 fue un caso extremo de un tipo de elección donde una de las dos opciones que se presentó a la población, el RECHAZO a cambiar la constitución era una opción pura de derecha (La constitución que busca cambiarse beneficia a la derecha, ellos la escribieron), frente a la opción APRUEBO que era una opción pura de izquierda (Como se está abriendo la posibilidad a mejorar la constitución, pero aún no hay una agenda concreta, la izquierda no se puede dividir).

Aproximadamente se gastaron sobre 427 millones de pesos promoviendo la opción RECHAZO. El presupuesto de la opción APRUEBO en cambio solo llegó a un poco menos de 78 millones.

La votación del RECHAZO fue de un 21,73% de los votos. La del apruebo un 78,27%.

En la segunda vuelta de la elección presidencial del 2017 en cambio ganó la derecha. El candidato de la coalición de derecha sacó un 54,58% de los votos mientras que el candidato de la coalición de izquierda sacó un 45,42%.

Estos resultados se explican por varios factores no menores como por ejemplo el rechazo a la coalición que estaba en ese momento en el gobierno, cuyo sucesor era el candidato de izquierda, y un largo periodo de primarias y una primera vuelta donde ambos candidatos se posicionaron constantemente al centro de sus respectivas coaliciones, pero el factor de fondo es que los candidatos eran demasiado parecidos.

La derecha ganó con un candidato centrista y tibio que hizo campaña sin prometer nada concreto y discurseando puros lugares comunes. La izquierda perdió con un candidato centrista y tibio que hizo campaña sin prometer nada concreto y discurseando puros lugares comunes. Y no se puede ganar usando la misma estrategia de un oponente con el que estamos en inferioridad de condiciones, el candidato de derecha disponía de mucho más dinero para hacer campaña y a su base dura en realidad no le importaba su discurso porque tenían claro exactamente lo que iba a hacer como presidente, lo que lo dejaba libre para coquetear con el centro. El candidato de izquierda en cambio no podía hacer ninguna promesa centrista que su oponente no empatara ni ninguna promesa a la izquierda sin perder votantes al centro así que se limitó a hacer lo mismo que su oponente con una fracción de los recursos, confiando en que iba a llevarse los votos de la izquierda más dura por ser en teoría el mal menor. Y no convenció a suficiente gente.

Y el plebiscito del 2020 fue exactamente lo opuesto. El RECHAZO perdió por paliza pese a que gastaron mas de cinco veces lo que sus oponentes porque las diferencias en juego eran evidentes y notorias. Si hubieran gastado todo el oro del mundo de todos modos el RECHAZO nunca hubiera podido sacar mas del 25% de los votos.

¿Cuál es la mecánica de la “ley del poder”? ¿Por qué unos pocos acumulan tantos recursos y los demás tan pocos? La respuesta la tiene la Microeconomía, y será el contenido de la próxima columna.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario